Aprovechando los últimos días del verano cruzamos la frontera para vivir una plácida jornada de septiembre en Portugal. Viajamos rumbo a Oporto. Las bodegas, a orillas del río Duero, son nuestro destino.

En pleno trabajo de vendimia las bodegas son reclamo de turistas y curiosos que buscan conocer con más detalle la elaboración del vino dulce portugués.

Nos acercamos a la ‘Bodega Vasconcellos‘ para estudiar los vinos con los que trabajan. Nos hablan de las uvas tintas (Roriz, Barroca, Touriga…), de los diferentes tiempos de fermentación en barrica y botella, de la situación de sus viñedos a más de cien kilómetros de Oporto o de las últimas novedades como la elaboración de un ‘Oporto Pink’ (rosado) que está poco a poco ganando adeptos.

La mejor manera de conocer los caldos en profundidad es degustándolos, así que nos sentamos a la mesa con la mirada puesta en el ‘Douro’.

De Oporto no se puede marchar uno sin probar su Bacalhau (Bacalao), seña de identidad de la cocina portuguesa. Visitamos ‘Casa Dias‘, pequeño espacio de comidas, a orillas del río para sentarnos a su mesa.

Se dice en Portugal que al menos hay 365 recetas de bacalao, una para cada día del año, y en Casa Dias cumplen con el dicho. El restaurante trabaja con maestría el pescado en sus diferentes formas (bacalhau à brás, guisado, en pastel, as natas…). Aconsejado por el personal del local me decanto por un clásico: a la brasa.

Mientras esperamos al plato principal escogemos un queso portugués ‘Saloio’ (de oveja y bajo en sal) para ir engañando al estómago. Los acompañamos con diferentes panes (excelente la ‘broa de Avintes’ de harina de centeno y mijo) que untados con mantequilla salada fueron un bocado espectacular.

El Bacalao, acompañado de patatas cocidas, cebolla cruda en juliana y aceitunas, estaba soberbio. En su punto de desalado, se laminaba a la perfección.

Un café sólo puso punto y final a la comida. Comer en ‘Casa Dias’ sale por unos 15-20 euros persona.

La mejor forma de cerrar el viaje es embarcarse en un rabelo (réplicas de las antiguas embarcaciones de transporte fluvial) y navegar por el Duero observando el encanto de Oporto.

Un buen bacalao y unos tragos de Oporto semiseco bien valen un viaje relámpago a Portugal.

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