Hay sabores que uno mantiene en su memoria a pesar del paso de los años. Recuerdo las mañanas de domingo, haciendo parada en una barra de mármol mientras hacíamos tiempo para ir a comer a casa de los abuelos. Mientras mis padres disfrutaban del vermouth, yo –alma inquieta- me entretenía con unos fritos de masa. Su sabor lo tengo guardado desde niño.

Ha pasado tiempo, mucho tiempo. En una charla con mis padres durante esta Navidad les he preguntado por estos ‘panecillos’ que tanto me entretenían. Eran -y son- unos de los aperitivos que la casi centenaria cafetería-restaurante ‘Germán’ (Emile Robin, 11, Parque del Muelle, Avilés) ofrece a sus clientes, a los que consideran sus amigos.

Aprovechando un mediodía invernal volvemos al local. Sigue como siempre –al menos como yo lo recuerdo- con sus fotos antiguas de la Villa del Adelantado y del fundador del restaurante (abuelo de German, actual propietario), su cortinón como recibimiento y sus ventanales ovalados con vistas a la ría de Avilés.

Pedimos un vermouth –de la casa suave y dulzón- que viene acompañado de estos ‘panecillos’. German nos los presenta como ‘Sicilianos de Aviles’, una jugosa masa frita en forma de ‘palito’ y rellena con una pizca de anchoa del Cantábrico. Nos puntualiza que quizás el secreto de su soberbio sabor sea que a la masa se le añade aceite de oliva virgen extra donde las anchoas se guardan con cariño.

Entre ‘siciliano y siciliano’ pasa la mañana en buena compañía y recordando tantos y tantos recuerdos de una feliz infancia en Asturias.

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