Los pequeños detalles son los que marcan la diferencia. Hay que cuidarlos porque son los que distinguen un local de otro. Hace tiempo que llevaba con ganas de visitar el Restaurante Narizotas en Segovia. Por fin hace unos días, a través de unos buenos amigos, nos sentamos a su mesa para probar sus fogones.

Su cocina, tradicional pero con toques vanguardistas, es un buen reclamo, lástima que el pésimo servicio reste tantos puntos al local. Quizás por las prisas de un viernes noche, por el estresante calor segoviano o simplemente porque tenían un mal días los camareros que nos atendieron me dejaron un agridulce sabor en la visita.

Dice la historia de Narizotas que por el año 1400 un gales llamado Edgerton Driscol llegó a Segovia para fundar una taberna denomina el ‘Lar del Gales’. Pronto se hizo conocida entre los vecinos por su buena cerveza (fue la primera en tener Guinnnes) y pasó a apodarse ‘La taberna del Narizotas’, aludiendo al tamaño de la nariz de Driscol. El local pasó por las manos de descendientes y sucesores convirtiéndose en referencia de la cocina segoviana.

El restaurante ofrece la posibilidad de comer a carta o a través de dos menús degustación: la mano derecha (un recorrido por la cocina castellana) o la mano izquierda (un menú sorpresa que no sabrás en lo que consiste hasta que los platos lleguen a la mesa). Nosotros nos decantamos por este último.

Comenzamos la cena con un vasito de vichyssoise. El frescor de la crema de puerros y aceite de pimiento verde fue un buen remedio para combatir la cálida noche segoviana.

El segundo de los cuatro platos que conforman los entrantes fueron unos espárragos blancos y otros trigueros a la plancha con mahonesa de jamón.

Grata sorpresa nos llevamos con el tercero: unas albóndigas de pescado y langostino. Tiernas, jugosas y con una salsa reducida de verduras muy gustosa.

Cerramos los aperitivos con una ensalada con crujientes de verdura y langostino en tempura. Buen colofón a la primera etapa de la cena.

El menú sigue con la degustación de un pescado y dos carnes. De la mar nos llegó un milhojas de mero y salmón ahumado napado con crema de patata. Muy bueno aunque la salsa estaba un poco sosa.

Ya con ‘la barriga del glotón’ llenándose hay que hacer sitios para las carnes. Vienen presentadas en un mismo plato salvando las distancias. En nuestra visita probamos magret de pato a la plancha con reducción de Oporto y secreto ibérico en su jugo. Excelentes.

Si los platos principales habían sido soberbios, el postre no se queda atrás. Un milhojas con crema de queso mascarpone y chocolate negro fundido puso el punto y final a un extenso y sabrosísimo menú.

No hubo tiempo para más. El servicio se ocupó de desalojarnos rápido del local sin que el café hubiese llegado aún al estómago. El precio del menú, con vino, sale por 34 euros. Lo extraordinario de su cocina hace que el Narizotas apruebe raspado, tendrá otra oportunidad, pero deberá recordar que los detalles marcan la diferencia.

Restaurante: El Narizotas

Dirección: Plaza Medina del Campo, 2 (Segovia)

Contacto: 921462679

Nota: 6/10