Tras pasar nuestras primeras horas en El Burgo de Osma, con una cena notable en ‘Casa Marcelino’, una fina capa de nieve nos da los buenos días al sábado de matanza.

Las previsiones anuncian un día complicado. Frío y nieve, las mejores condiciones para disfrutar de una larga, reposada y copiosa comida dentro de la 36º edición de las jornadas ritogastronómicas de esta monumentalidad soriana.

El sacrificio del cerdo –en este caso una ‘gocha’ o cerda- se produce al mediodía. Hasta entonces hay tiempo para seguir disfrutando de las bellas calles del Burgo o disfrutar de otro de sus reclamos: el Museo del Cerdo.

Al Burgo se viene a comer pero también a aprender todo lo relacionado con el cerdo. Este museo es un buen espacio para admirar las ya casi perdidas labores antañas de matanza o para detenerse en aspectos más vanguardistas como las coloridas figuras de decoración.

Una vez sacrificada la cerda es hora de ir acercándose al gran Hotel Virrey Palafox donde se celebra la comida. Si bien antes se puede hacer una parada para degustar un vino de la tierra del Duero en alguna tasca de la calle Mayor.

El hotel dispone de tres espacios preparados para albergar las jornadas: los comedores ‘Virreinato de la matanza’ y ‘Castilla de las Diezmas’, y el restaurante ‘Virrey Palafox’. En éste último teníamos nuestra reserva.

Puesto el babero, llegó el momento de la verdad. Veinte platos para homenajear al cerdo:

1. Abrimos boca con un plato de jamón ibérico y lomo de bellota ‘Dehesa García’ de Guijuelo.

2. La familia catalana Tarradellas es una de las homenajeadas en esta edición de las jornadas. Degustamos su conocido espetec, con los primeros sorbos de vino tinto ‘Alidis’, un Ribera del Duero de la bodega Viña Mambrilla.

3. Comienzan a llegar los platos. Uno tras otro. Sin casi tiempo para asimilar tanta comida. Torreznos, crujientes y poco aceitosos.

4. Pastel de sesos y endivias con crema de hongos.

5. Unas tiernas costillas en aceite.

6. Picadillo de morcilla sobre una pasta frita.

7. Otro tipo de morcilla con croquetas de masa.

8. Ensalada de oreja con fresas y pimienta negra.

9. Pasta brick rellena de picadillo de chorizo. De lo mejor.

10. Revuelto de hongos de temporada. Bueno de sabor pero excesivamente frío.

11. Guiso de mollejas con setas.

12. Lengua empiñonada.

13. Estofado de rabo de cerdo.

14. Manitas guisadas.

15. Hacemos un alto en el primer bloque de la comida para entonar el cuerpo con dos platos de cuchara: Caldo de parturientas y Alubias pintas del Burgo.

Un digestivo sorbete al cava Freixenet –otra de las familias homenajeadas este año- nos da paso a los platos más fuertes.

16. Jarrete con verduras. La carne era ‘mantequilla’ en boca.

17. Cochinillo asado.

18. Lomo escabechado. Muy recomendable.

19. Y Jamón asado con pasas y crema de hongos.

Tras horas de comida y con el estómago sobradamente lleno, llega el turno de los postres. Como no podía ser de otra forma también son copiosos: tarta de chocolate, otra de trufa, rosquillas y pasas del Burgo, buñuelos de nata, helado de limón y naranja (será por si alguien esta a dieta).

Un café y licores helados ponen punto y final a una comida de una veintena de platos en un maravilloso viaje a través del cerdo. El precio de esta comida sale por unos 40 euros/persona. Ahora llega el momento de bajar la comida. El Virrey Palafox sugiere unos gin-tonics en su renovado y minimalista Palacio. Es buena opción. Cada uno con su táctica.