La taberna más antigua de Madrid ha sido testigo de excepción de la puesta de largo de ‘Tapas&Blogs’, encuentro de bloggers y twitteros madrileños unidos por una pasión: la gastronomía.

‘La Cruzada’, fundada en 1827, comienza una nueva aventura bajo la dirección de Iván Vara, sumiller del Goizeko Wellington durante una década. Este rincón literario del Madrid de los Austrias ha reabierto sus puertas con un ambiente más vanguardista pero manteniendo la misma esencia de siempre.

Buena cocina –de tapas y raciones en barra y a carta en dos íntimos comedores- y mejor carta de vinos. ‘La Cruzada’ es un proyecto en torno al vino en el que se pueden degustar sus ‘100 magníficos’ caldos.

La taberna tenía preparado para esta gran cita de ‘Tapas&Blogs‘ la cata de tres vinos que casaban a la perfección con tres pinchos. Probamos un Frontaura (Denominación de origen Toro), un Pesquera (D.O. Ribera del Duero) y un Remírez de Ganuza (D.O. Rioja).

Frontaura Crianza 2005 es un vino que marida a la perfección con nuestro primer pincho: un milhojas de berenjena, calabacín, tomate y queso parmesano fundido. Potencia del vino y suavidad en boca de las verduras con el punto curado del queso.

En palabras del sumiller “un vino de Toro es un caldo potente, con cuerpo, estructura y una buena acidez. La fuerza del vino casa perfectamente con la suavidad de las verduras y la potencia del parmesano. La acidez que tiene este vino nos da el frescor a la hora de maridar”.

Seguimos con el Pesquera 2001. Acompañamos el vino de Alejandro Fernández con un clásico: un pincho de tortilla de patatas. Jugosísima y perfecta de sal. “Es un vino atejado, tostado, con aromas de frutos secos, más consistente pero de menor acidez que el de Toro”. Vino purista para un pincho clásico. Tortilla y vino maridan en armonía, sin sobreponerse uno por encima del otro.

Finalizamos la cata con un Reserva 2002 Remírez de Ganuza. “Sabores aromáticos, mentolados, húmedos. Es un vino agradable y elegante en boca pero secante y falto de acidez”. Casamos este caldo con una mini-hamburguesa de steak-tartar cubierta de tomate triturado y patatas paja.

Después de esta gran degustación no podía faltar el brindis en nuestro primer encuentro. Y nada mejor que hacerlo con una copa  con ‘lágrimas’ de oro comestible de 27 kilates.

Una degustación de este tipo con tres vinos y tres buenos pinchos puede salir por unos 20 euros/persona. La mejor forma para que los amantes de la buena mesa nos digamos: “Espero que nos volvamos a ver pronto”.