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Archivo de la categoría: Pescado

‘Sushi Daki’, las creaciones del primer japonés de Pontevedra

Apenas ha necesitado unos pocos meses para consolidarse. ‘Sushi Daki’ se ha convertido en el primer restaurante puramente japonés en Pontevedra ciudad y ya es una referencia en el sector. El excelente servicio y la calidad de sus materias le han convertido en uno de mis restaurantes asiáticos favoritos.

El local, pequeño pero acogedor, ofrece la posibilidad de comer en barra o en mesa dependiendo del número de comensales.

En el apartado de entrantes destacan las empanadillas ‘Hagkao’ (de gambas y bambú), las ‘Gyozas’ (de cerdo y jenjibre) o los ‘Dim Sum‘. En mi última visita –en la foto- probé las ‘Wanton’, unas pequeñas bolsitas crujientes rellenas de pato y jengibre.

Como plato principal la mejor opción es pedir un variado de sushi. Cada día se renueva el plato con sugerencias del restaurante.

Como veis el variado trae diferentes Nigiris: ‘Unagui’ (anguila), ‘Hotategai’ (vieira) o ‘Maguro’ (atún); Hosomakis (muy bueno el Unaguimaki); Uramakis (nos tocó uno espectacular de rollo con salmón ahumado, queso crema y aguacate) y alguna que otra especialidad más: en esta ocasión un ‘Futomaki’ caliente de salmón, queso crema frito en tempura y napado en salsa japonesa. La bandeja se completa con ensalada de algas y salsa japonesa con trocitos de pescado crudo.

Cerramos la cena con unos ‘Hosomaki’ de salmón y unos ‘Uramakis’ de langostino en tempura y envuelto en aguacate con un toque de salsa japonesa.

Acompañamos la cena con unas cervezas japonesas ‘Kirin’. También trabajan buenos vinos como el albariño Martin Codax o un Régoa Mencía de la Ribera Sacra.

Como todos los buenos japoneses su precio no es barato. Hablamos de una cena para dos personas en torno a los 60 euros, con café y sin postre. Pero os aseguro que merece la pena sentarse a la mesa y disfrutar de las creaciones de ‘Sushi Daki’. No os arrepentiréis.

El restaurante también trabaja el servicio a domicilio (986.416.597) y los pedidos a través de su Web.

Restaurante: ‘Sushi Daki’

Dirección: calle de José Casal, 8 Pontevedra ciudad

Contacto: 986.416.597

Nota: 9/10

 
 

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‘Bacalhau’ y vinos de Oporto a orillas del Duero

Aprovechando los últimos días del verano cruzamos la frontera para vivir una plácida jornada de septiembre en Portugal. Viajamos rumbo a Oporto. Las bodegas, a orillas del río Duero, son nuestro destino.

En pleno trabajo de vendimia las bodegas son reclamo de turistas y curiosos que buscan conocer con más detalle la elaboración del vino dulce portugués.

Nos acercamos a la ‘Bodega Vasconcellos‘ para estudiar los vinos con los que trabajan. Nos hablan de las uvas tintas (Roriz, Barroca, Touriga…), de los diferentes tiempos de fermentación en barrica y botella, de la situación de sus viñedos a más de cien kilómetros de Oporto o de las últimas novedades como la elaboración de un ‘Oporto Pink’ (rosado) que está poco a poco ganando adeptos.

La mejor manera de conocer los caldos en profundidad es degustándolos, así que nos sentamos a la mesa con la mirada puesta en el ‘Douro’.

De Oporto no se puede marchar uno sin probar su Bacalhau (Bacalao), seña de identidad de la cocina portuguesa. Visitamos ‘Casa Dias‘, pequeño espacio de comidas, a orillas del río para sentarnos a su mesa.

Se dice en Portugal que al menos hay 365 recetas de bacalao, una para cada día del año, y en Casa Dias cumplen con el dicho. El restaurante trabaja con maestría el pescado en sus diferentes formas (bacalhau à brás, guisado, en pastel, as natas…). Aconsejado por el personal del local me decanto por un clásico: a la brasa.

Mientras esperamos al plato principal escogemos un queso portugués ‘Saloio’ (de oveja y bajo en sal) para ir engañando al estómago. Los acompañamos con diferentes panes (excelente la ‘broa de Avintes’ de harina de centeno y mijo) que untados con mantequilla salada fueron un bocado espectacular.

El Bacalao, acompañado de patatas cocidas, cebolla cruda en juliana y aceitunas, estaba soberbio. En su punto de desalado, se laminaba a la perfección.

Un café sólo puso punto y final a la comida. Comer en ‘Casa Dias’ sale por unos 15-20 euros persona.

La mejor forma de cerrar el viaje es embarcarse en un rabelo (réplicas de las antiguas embarcaciones de transporte fluvial) y navegar por el Duero observando el encanto de Oporto.

Un buen bacalao y unos tragos de Oporto semiseco bien valen un viaje relámpago a Portugal.

 

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Una mañana entre mejillones, ostras y vieiras

Aprovechando la presentación de la ‘Festa del mexillón’ que cada año se organiza en la localidad pontevedresa de Combarro pasamos unas horas visitando una de las centenares de bateas que guardan los tesoros de las tres grandes rías del sur (Arousa, Vigo y Pontevedra).

Combarro, pequeño núcleo perteneciente al concello de Poio, une a su belleza como pueblo marinero anclado en el tiempo los más de treinta hórreos gallegos que bañan sus pies en la ría. Una parada obligatoria si estás por la zona.

A mediodía, en una jornada con un sol de justicia, partimos de Combarro navegando por el margen derecho de la ría de Pontevedra. Los mejillones, que posteriormente degustaremos, comienzan a bordo su pequeña cocción mientras disfrutamos del litoral gallego.

Dejamos atrás la Isla de Tambo -polovorín militar- para detenernos en una de las bateas. En ella los encargados de ‘Embarcaciones Pellegrín’ nos dan una lección teórica sobre los moluscos.

Estamos en una batea combinada de mejillón, ostra y vieira. Nos muestran como los mejillones crecen en las cuerdas, como se usa cemento para pegar las ostras o los tiempos de crecimiento de las vieiras.

Poniendo rumbo de vuelta llegó el momento de la verdad: la degustación de los mejillones. En el interior del barco, observando la costa atlántica, y acompañados de unos tragos de buen vino Ribeiro de la zona, damos cuenta de unas cuantas bandejas de extraordinarios mejillones.

Sin darnos cuenta llega el momento de volver a pisar tierra firme. Atrás queda una mañana aprendiendo más y mejor sobre las maravillas de las bateas gallegas.

 

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Narizotas, de cómo un mal servicio puede arruinar una extraordinaria cocina

Los pequeños detalles son los que marcan la diferencia. Hay que cuidarlos porque son los que distinguen un local de otro. Hace tiempo que llevaba con ganas de visitar el Restaurante Narizotas en Segovia. Por fin hace unos días, a través de unos buenos amigos, nos sentamos a su mesa para probar sus fogones.

Su cocina, tradicional pero con toques vanguardistas, es un buen reclamo, lástima que el pésimo servicio reste tantos puntos al local. Quizás por las prisas de un viernes noche, por el estresante calor segoviano o simplemente porque tenían un mal días los camareros que nos atendieron me dejaron un agridulce sabor en la visita.

Dice la historia de Narizotas que por el año 1400 un gales llamado Edgerton Driscol llegó a Segovia para fundar una taberna denomina el ‘Lar del Gales’. Pronto se hizo conocida entre los vecinos por su buena cerveza (fue la primera en tener Guinnnes) y pasó a apodarse ‘La taberna del Narizotas’, aludiendo al tamaño de la nariz de Driscol. El local pasó por las manos de descendientes y sucesores convirtiéndose en referencia de la cocina segoviana.

El restaurante ofrece la posibilidad de comer a carta o a través de dos menús degustación: la mano derecha (un recorrido por la cocina castellana) o la mano izquierda (un menú sorpresa que no sabrás en lo que consiste hasta que los platos lleguen a la mesa). Nosotros nos decantamos por este último.

Comenzamos la cena con un vasito de vichyssoise. El frescor de la crema de puerros y aceite de pimiento verde fue un buen remedio para combatir la cálida noche segoviana.

El segundo de los cuatro platos que conforman los entrantes fueron unos espárragos blancos y otros trigueros a la plancha con mahonesa de jamón.

Grata sorpresa nos llevamos con el tercero: unas albóndigas de pescado y langostino. Tiernas, jugosas y con una salsa reducida de verduras muy gustosa.

Cerramos los aperitivos con una ensalada con crujientes de verdura y langostino en tempura. Buen colofón a la primera etapa de la cena.

El menú sigue con la degustación de un pescado y dos carnes. De la mar nos llegó un milhojas de mero y salmón ahumado napado con crema de patata. Muy bueno aunque la salsa estaba un poco sosa.

Ya con ‘la barriga del glotón’ llenándose hay que hacer sitios para las carnes. Vienen presentadas en un mismo plato salvando las distancias. En nuestra visita probamos magret de pato a la plancha con reducción de Oporto y secreto ibérico en su jugo. Excelentes.

Si los platos principales habían sido soberbios, el postre no se queda atrás. Un milhojas con crema de queso mascarpone y chocolate negro fundido puso el punto y final a un extenso y sabrosísimo menú.

No hubo tiempo para más. El servicio se ocupó de desalojarnos rápido del local sin que el café hubiese llegado aún al estómago. El precio del menú, con vino, sale por 34 euros. Lo extraordinario de su cocina hace que el Narizotas apruebe raspado, tendrá otra oportunidad, pero deberá recordar que los detalles marcan la diferencia.

Restaurante: El Narizotas

Dirección: Plaza Medina del Campo, 2 (Segovia)

Contacto: 921462679

Nota: 6/10

 

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