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Archivo mensual: abril 2011

De furanchos o loureiros

Dice la Real Academia de la Lengua gallega que un furancho es “aquel lugar o casa particular donde se vende vino nuevo”. Hay que retomarse años atrás para encontrar el inicio de esta práctica que todavía hoy sigue muy presente en varias zonas de Galicia, principalmente en aquellas con importancia vinícola.

Los furanchos nacieron como manera de poner en circulación el vino excedente de la cosecha propia de casa, basándose en una fórmula sencilla: los vecinos, amigos, conocidos… se sientan en torno a una mesa con una cuenca y acompañan la bebida con algo de la casa (pimientos del huerto, embutido o una tortilla, por ejemplo). Todo por un precio muy rebajado. En un furancho puedes comer y beber por diez euros.

Decimos que nacieron con esta idea porque hoy algunos han derivado en taperias (casi en restaurantes) por eso son tan perseguidos por la Xunta. Son una competencia desleal al sector hostelero. También son conocidos por el nombre de laureiros porque los auténticos hay que buscarlos, no encontrarás anuncio que los publicite, y se reconocen porque una rama seca de laurel cuelga de la puerta de la casa.

Para realizar el post localizamos un furancho por la zona pontevedresa de Marcón. En la cocina, en los fogones, se encuentra la familia propietaria de las viñas y las mesas las atiende un vecino: “El año pasado abrimos 16 días, lo que nos duró el vino. Una vez que se acaba no hay más. Se cierra y a espera al año que viene”.

Nos sentamos a la mesa para probar el vino: nuevo, joven, con personalidad. No es un reserva Rioja ni siquiera un tempranillo, es vino de la casa pero como el camarero nos puntualiza “es mejor que muchos que venden con química”. Le preguntamos con que podemos acompañarle. Nos ofrece lo que tiene, no hay más.

Entre trago y trago llega a la mesa unos sabrosísimos pimientos de Padrón, de cultivo propio. Nos asegura que son de los primeros de la temporada. Uno a uno damos cuenta de ellos en busca del picante, que esta vez no llegó.

La siguiente tapa en llegar a la mesa fue una tortilla de patata. De las de verdad, con sus ‘patacas’, huevos de casa, medio hecha… Duró poco.

Buena estaba también una oreja cocida a la gallega, con un toque de buen pimentón picante.

Cerramos nuestra visita con zorza. La carne en su punto: blandita y con carácter. Posteriormente repetiríamos de las tres tapas. Las cuencas seguían rellenándose de vino en armonía con la conversación.

Así pasó el tiempo, hasta que llego el momento de degustar los chupitos caseros: muy bueno el licor café, sin excesiva presencia de orujo en boca y poco dulzón, y mejor aún la crema casera.

Ir de furanchos es una manera de acercarse a la cocina familiar, de degustar los productos cultivados con cariño y esmero. La tradición en su expresión máxima.

 
 

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Terra Astur, medicina contra la ‘morriña’ asturiana

Nuestra tercera y última parada por Asturias (tras Jose’s y la Fuente de la Lloba) nos lleva hasta Oviedo, en concreto hasta Colloto para visitar el restaurante Terra Astur. Se trata de un local que como su nombre nos indica vende con orgullo asturianismo por todos los costados: banderas de Asturias, botellas de sidra colgando del techo, tienda con decenas de quesos astures y mucha, mucha sidra (por cierto pedir Trabanco, la de la casa es bastante floja).

Se puede comer dentro de una barrica o en mesas centrales desde donde se puede ver como trabajan con maestría la parrilla.

Comenzamos nuestra comida con una tabla de embutido (cecina, salchichón, lomo, chorizo y jamón). Buen acompañamiento de los primeros culines. En mesa la sidra se sirve en zapica, en jarra de madera, recién escanciada desde la barrica.

El siguiente plato fueron unos tortinos con paté de hígado de pato. Los tortos son pequeñas tostas de maiz que se fríen. Nacieron en la cocina rural asturiana, sobre todo en la zona más oriental. Durante años fue sustento de muchas familias. Se suelen acompañar con picadillo de chorizo, con huevos, morcilla, con queso fundido…

Seguimos con unos fritos de queso con compota de tomate.

Como plato fuerte me decanté por un entrecote de carne roxa con salsa de queso Cabrales y setas (servida aparte). La roxa es la ternera asturiana de los Valles.

La carne estaba sabrosísima, al punto y muy tierna. Viene acompañada de patatas fritas y pimientos. También pedimos una ensalada de la casa.

Como no podía ser de otra manera cerramos la comida con uno de los grandes postres asturiano (con permiso del arroz con leche): un frixuelo (filloa) relleno de nata y chocolate.

Comer en Terra Astur sale por unos 25 euros por persona. Es una buena medicina para combatir la morriña asturiana.

Restaurante: Terra Astur
Dirección: Antigua Fábrica Aguila Negra s/n
Contacto: 985 79 12 28
Nota: 6,75 / 10

 
 

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Fuente de la Lloba, un lugar para respirar profundo

Seguimos con nuestro viaje por Asturias. Tras comer en el restaurante avilesino Jose’s, en nuestra segunda parada nos adentramos en la montaña para descubrir un rincón silencioso, relajante, de esos a los que siempre quieres volver aunque sea por unos minutos.

Visitamos el restaurante Fuente de la Lloba situado en el pueblo de Huentes, a unos 14 kilómetros de Colunga (entre Villaviciosa y Ribadesella), en el este de Asturias y cerca de los Picos de Europa. Un lugar idílico para relajar la mente y disfrutar de una comida inolvidable. Al final de la única carretera que hay en el pueblo se encuentra el restaurante. Pese a lo escondido que se encuentra no tiene pérdida.

Eduardo y Kei decidieron dar un giro a su vida para restaurar una antigua casona y abrir este restaurante japonés en lo alto de un valle. Al principio también ofrecían alojamiento rural pero desde hace unos años se han centrado en los fogones.

El local no cuenta con carta así sólo se puede comer un menú degustación de cinco platos que repasan con acierto la cocina oriental.

Tras tomar una cerveza ‘Asahi’ observando las maravillosas vistas y estudiando la corta pero bien escogida carta de vinos, comenzamos nuestra comida. Lo primero en llegar a la mesa fueron unas algas wakame con salsa de semillas de sésamo. Se trata de un alga muy típica en aguas japonesas con fuertes corrientes. Combina perfectamente tanto en ensaladas como en sopas e incluso molida como condimento del arroz.

Seguimos con tofu frito con salsa de soja, jengibre y algas aromáticas, que maridamos con un vino tinto Peique Mencia del Bierzo 2008.

El tercer plato en llegar a la mesa fue una tempura de langostino y verduras: champiñón, judía verde, pimiento… Bien frita, sin estar aceitosa y crujiente.

En amena tertulia con el servicio pasan los minutos y llega el siguiente plato: sushi variado. Con el arroz en su punto, degustamos langostino, pez mantequilla, pulpo, trucha y ‘tamagoyaki’ (esa tortilla japonesa que tan buena está).

Cerramos el menú con un solomillo de cerdo rebozado con salsa de japonesa. Crujiente por fuera y esponjoso por dentro.

En el apartado de los postres nos ofrecen probar un combinado de los dos que tienen. Un maravilloso bizcocho de jengibre y una bola de helado de semillas de sésamo.

No hay nada mejor que cerrar esta comida con un buen té verde con arroz tostado y que mejor que hacerlo en los jardines del exterior con la vista puesta en el verde astur. Un lugar para abrir bien los ojos y respirar profundo.

Restaurante: Fuente de la Lloba

Dirección: Carretera AS-258 km 14 (Huentes, Piloña)

Contacto: 686 37 68 05

Nota: 8/10

 

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